Estado


Lejos de la plácida tierra de acogida que se intenta divulgar, España es un lugar hostil y áspero para los inmigrantes.

Junto a numerosas trabas legislativas, la presión estatal se refleja directamente en el continuo acoso directo o indirecto hacia la población inmigrada.

Los controles de identidad racistas, las exigencias administrativas desmesuradas, los procesos masivos de expulsión o la negación de derechos básicos y reconocidos son la parte visible de la política de inmigración española y europea.

Esta política se cobra un precio en las personas que la sufren.

La crisis económica ha acentuado los graves problemas, al unirse el recorte de derechos de los ciudadanos con los problemas económicos.

Las esperanzas individuales se han visto destruidas.

 

El coraje y las ganas de salir adelante es lo único que mantiene a muchas personas en su camino hacia una vida mejor.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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