Mi primera noche en el kurdistán iraquí.

Tan distinta y demasiado igual. Las cervezas Corona ya se han gastado, así que hay que pasarse a las marcas locales. Suena música de hace más de 5 años, como ocurre en muchos bares de Malasaña o de la Alameda.

Esta tarde probé un pastel kurdo. Es una torta de aceite con el grosor de un mollete y la sequedad de un polvorón.

Estoy delante de la hoguera que algunos Machos Alfa -contratistas de seguridad también se les llama- han hecho. Se les agradece. Contrarresta bien el relente de esta noche abierta.

Mañana al primer campo de refugiados.

Copio descaradamente al maestro. Buenas tardes:

 

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