Los Escrache y los medios de comunicación

Que no nos engañen cambiando el centro de atención: el motivo de los escraches no es más que avergonzar a aquellos que tienen de qué hacerlo. La connivencia con la corrupción es necesaria para que esta exista.

Los escraches no tienen otro objetivo que incordiar y avergonzar públicamente a quienes se saben infractores del código moral aceptado por nuestra sociedad. No nos dejemos engañar por quienes cumpliendo la primera estrategia de manipulación de Chomsky, quieren traslada el centro de atención a la posible violencia con que puedan acabar estas manifestaciones de reproche.

Y gran parte de la culpa de que se haya llegado a esta situación la tienen los medios de comunicación.

El papel del tan llamado cuarto poder no es más que revelar al público aquello que es ilegal y suede tras el telón del poder. De esta manera los medios de comunicación permiten encauzar el reproche social frente al infractor antes de que se tomen medidas penales. Sin embargo, el cuarto poder también está en connivencia con quienes permiten que se delinca. La maquinaria es grande y compleja, pero se resume en que si hay un número no muy grande de eslabones entre el delincuente MUY peligroso [y por supuesto con mucho dinero] y la figura [político, medio de comunicación, banco o cualquier otro], se mira para otro lado, se acepta el dinero y se hacen favores y se cumplen contratos legales. Los favores son pequeños [o lo parecen], pero al verlos en perspectiva sabemos que suman mucho.

Pongo un par de ejemplos para que se entienda bien: todos sabemos que los productos milagro que se anuncian en la televisión, prensa, radio, etc. son un timo. Sin embargo, en no pocos casos hemos visto grandes campañas publicitarias, incluso con reportajes dentro de los programas, que certifican la verosimilitud de estos productos. Además, a esta campaña se sumarán personajes famosos que siguiendo el principio de autoridad -ese que en una discusión se desprecia [octava estrategia de Chomsky], pero que como borregos seguimos todos- nos incentivarán a creer en al verosimilitud del producto. Y este círculo sigue hasta que se destapa la mentira. Entonces se olvida rápidamente, se tapa y adiós. Quizás, deberíamos demandar a quienes aceptan el dinero para dar visibilidad al producto, pero esto no será posible porque los eslabones introducidos sirven para poder decir que ellos estaban recomendados y desconocían la naturaleza primera.

Al igual que en este caso, ocurre con los bancos que blanquean el que saben es dinero proveniente de actos delictivos: especulación, narcotráfico, tráfico de personas, etc. o con los políticos que reciben dinero a través de otros a los que les llega el dinero desde un tercero, etc. Todos sabemos en gran medida de donde viene cierto dinero. Si decidimos mirar a otro lado, es porque sabemos que es no es moralmente aceptable.

Y aquí volvemos a los escraches. Debido al estado de todo, con casos de corrupción en los primeros 20 minutos de los programas informativos, con páginas y más páginas del mismo titular cambiando nombres y con interminables minutos de radio y páginas web dándole vueltas a nada, el ciudadano se ha encontrado sin la herramienta para poder “poner colorao” al culpable. Y esto se debe a una connivencia necesaria.

Pero no creo que los escraches vengan sin peligro. Al tratarse de una reprimenda moral [dejaré al lado los actos violentos de algunos pues éste no es el motivo real], existe un peligro muy grande de que en un momento tan explosivo como el actual esta moral cambie a algo que todos pensásemos inaceptable hace apenas cinco años. Ya ha ocurrido y al pasar otros cinco años nos dimos cuenta de la barbarie. La moral es algo subjetivo, tanto de individuos como de sociedades y está muy condicionada por impulsos irracionales y deseos. Hemos de tener mucho cuidado y delimitar las expresiones como los escraches. Quizás, si los medios de comunicación hicieran su trabajo y llamaran ladrón al ladrón, si tuviesen el valor de volver a opinar contra el poder, los ciudadanos volveríamos a creer en ellos.

Periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa, el resto es propaganda” Horacio Verbitsky

Os dejo con una canción que no me la quito de la cabeza. Neil Young, The restless consumer:

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