En momentos donde resulta más fácil olvidar, estamos obligados a recordar.

Extractos de un excelente artículo escrito en Elvas (Portugal) por Jay Allen sobre la matanza de Badajoz en la Guerra Civil. No podemos permitirnos el lujo de olvidar cuando se están usando los muertos (una vez más) para beneficio político.

Matanza de 4000 personas en Badajoz, “ciudad de Horrores”, contada por el corresponsal del Tribune.
Jay Allen. Chicago Tribune, 30/08/1936

Esta es la historia más dolorosa sobre la que he tenido que escribir. la escribo a las cuatro de la madrugada, enfermo en cuerpo y alma, en el apestoso patio de la Pensión Central, en una de las tortuosas calles blancas de esta empinada ciudad amurallada. Nunca sabré encontrar el camino de vuelta a Pensión Central, y nunca querré hacerlo.
He llegado aquí desde Badajoz, ciudad que está a varios kilómetros de distancia, en España. Subí a la azotea para mirar atrás. Vi fuego. Están quemando los cuerpos. Cuatro mil hombre y mujeres han muerto en Badajoz desde que los moros y los legionarios rebeldes del general Francisco Franco treparon sobre los cuerpos de sus propios muertos para poder cruzar sus murallas tantas veces empapada de sangre.
He intentado dormir. Pero no se puede dormir en una cama sucia y llena de bultos, en una habitación con la temperatura de un baño turco, castigado por los mosquitos y chinches, y atormentado por el recuerdo de lo que has visto, con el olor de la sangre en tu pelo, y con una mujer llorando en la habitación de al lado.
-¿Qué le pasa? -pregunté al paisano adormilado que ronda el lugar por la nocha haciendo guardia.
– Es española. Vino aquí creyendo que su marido había escapado de Badajoz.
– ¿Y no es así?
– Si -dijo, y me mirí, no sabiendo si seguir hablando-. Sí, y lo mandaron de vuelta. Lo fusilaron esta mañana.
– ¿Quién lo mandó de vuelta? -Lo sabía, pero lo pregunté de todos modos.
– Nuestra policía internacional.
[…] Ya conocía Badajoz. Este último año he ido cuatro veces buscando información para un libro que estoy escribiendo sobre las operaciones de la reforma agraria que podría haber salvado a la República española, una República que, al margen de lo que fuera, proporcionó a España tanto escuelas como esperanzas, cosa que no había conocido en siglos.
[…] Dicen que la primera noche la sangre alcanzó un palmo de profundidad. No lo dudo. Allí se asesinó a mil ochocientos hombre y mujeres, en un plazo de doce horas. En 1800 cuerpos hay más sangre de la que imaginas.
Durante las corridas, cuando el toro o algún pobre caballo sangra mucho, aparecen los monosabios para esparcir arena limpia sobre la sangre. Pero en las tardes soleadas sigue pudiendo olerse la sangre.
[…] La noche era calurosa. Había un olor en el aire. No puedo describirlo y no lo describiré. Los monosabios tendrán mucho trabajo para hacer presentable la plaza para la siguiente corrida. En cuanto a mí, no volveré a ver una corrida. Jamás.

Artículo completo en la web del Cervantes: Slaughter of 4,000 at Badajoz, ‘City of Horrors’
Artículo original en el archivo del Chicago Tribune (tras paywall): Slaughter of 4,000 at Badajoz, ‘City of Horrors,’

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